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Juan y yo dejamos nuestros trabajos para dedicarnos 100% al proyecto

Pues eso.

Dicen que detrás de cada proyecto hay una historia, y nosotros tenemos la nuestra.

Abril de 2009, la crisis ya es un hecho constatado y el paro comienza a aumentar en España. El mejor momento para atarte a un trabajo que tienes asegurado con un contrato indefinido.

No para nosotros, sin embargo.

 

Juan y yo nos conocimos cuando entramos a trabajar en Eurohelp Consulting S.L. allá por junio de 2008. Entramos prácticamente al mismo tiempo y coincidimos en las clases de formación interna, en las que aprendimos cómo funcionaba Struts, el framework que utilizaban para gran parte de los desarrollos.

2 semanas después nos dividieron para trabajar en distintos proyectos dentro de la empresa, pero cada día nos juntábamos él, Jokin García y yo para tomar café + pincho de tortilla y disfrutar de unos momentos de apacible descanso y entretenida charla.

El trabajo que realizábamos en EuroHelp era de desarrollo de sistemas de gestión; en mi caso, un proyecto para el Gobierno Vasco con el que gestionar a través de sistemas informáticos los procesos de matriculación de los alumnos en todos y cada uno de los centros de educación del País Vasco.

Un empleo que sentía aburrido y poco motivador, básicamente por la insatisfacción que me producía un trabajo puramente técnico. ¿Dónde quedaba el marketing, la visibilidad, la puesta en marcha de un proyecto, toma de decisiones, diseño, estrategias…? Los grandes retos, al fin y al cabo.

 

Juan y yo habíamos entrado a trabajar sin haber finalizado nuestras respectivas carreras, una situación que era de lo más común dentro de la empresa. Y después de un tiempo teníamos dos opciones:

  1. Seguir trabajando como programadores ganando un sueldo, mientras sacábamos adelante el PFC, que era lo único que nos faltaba para lograr el título.
  2. Dejar la empresa para dedicarnos en cuerpo y alma al PFC.

Al final, todo dependía del proyecto que quisiéramos llevar a cabo, ya que algo sencillo y de bajo alcance era una opción asequible para sacar adelante en nuestras horas libres.

Sin embargo, un proyecto de iniciativa propia, amplio alcance y gran complejidad era un reto al que deberíamos dedicar todo nuestro tiempo y esfuerzo. Incompatible con una jornada laboral de 8 horas.

La decisión no fue difícil, ya que el reto se mostraba apasionante.

No sabíamos a lo que nos enfrentábamos.

Pero eso, es otra historia.

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